Retrato de Alexis Carrel

Alexis Carrel

Un viaje a Lourdes

"Bajo los profundos y duros consejos de mi orgullo intelectual yace, desgraciadamente ahogado todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños: el de creer en ti y amarte como te aman los monjes de alma pura"

Médico · premio Nobel · 1873 - 1944 · 5 min de lectura

Alexis Carrel era un joven médico francés de Lyon de 30 años, cuando reemplazó a uno de sus compañeros para ir como médico a una peregrinación de 300 enfermos al santuario de Lourdes, en julio de 1903. No creía en Dios ni en milagros. Era un científico ateo, que sólo creía en la razón, pero era un hombre sincero y, al final del viaje, debió reconocer que existía Dios y lo sobrenatural.

Marie Bailly (a quien Carrel llamó "Marie Ferrand" en su libro "Un viaje a Lourdes"-) tuvo una curación milagrosa en Lourdes. Estaba enferma de peritonitis tuberculosa en último estadio, una enfermedad mortal en esa época. Acerca de ella antes de su curación, Carrel escribió:

"Hay una paciente que está más cerca de la muerte en este momento que cualquiera de los otros. He sido llamado al lado de su cama numerosas veces. Esta desafortunada chica está en las últimas etapas de una peritonitis tuberculosa. Conozco su historia. Toda su familia murió de tuberculosis. Ella ha tenido úlceras tuberculosas, lesiones de los pulmones, y ahora, en estos últimos meses, una peritonitis en estado muy grave, yo tuve que darle morfina en el viaje. Ella puede morir en cualquier momento. Si un caso como el suyo se curara sería realmente un milagro. Nunca dudaría de nuevo... Su condición se deteriora constantemente. Si ella llegara a casa de nuevo con vida, eso de por sí sería un milagro... Ella está condenada. La muerte está muy cerca. Su pulso es muy rápido, de 150 pulsaciones por minuto, e irregulares. El corazón está apagándose..."

La chica debido a su gravedad sólo recibió las aguas de Lourdes sin entrar en la piscina sino con unas ablucciones. La curación repentina de Marie Bailly se dio a conocer ampliamente en Lyon, junto con el hecho de que Carrel estuvo presente durante su curación.

El doctor había prometido "convertirse" si ella llegaba con vida a la Gruta, situada apenas a 400 metros del hospital. Y ahora el científico que regía su interior aceptaba la posibilidad de un milagro, porque ante los ojos atónitos de Alexis Carrel aquella mujer instantáneamente se cura de su enfermedad.

Él cumple su palabra y se convierte. En su libro "Mi viaje a Lourdes", cuenta su conversión. En este libro hay una oración exquisita a la Virgen, en la que le da las gracias por haberle permitido presenciar aquel milagro maravilloso que le llevó a la fe.

"Virgen Santa, socorro de los desgraciados que te imploran
humildemente, sálvame. Creo en ti, has querido responder a mi duda
con un gran milagro. No lo comprendo y dudo todavía. Pero mi gran
deseo y el objeto supremo de todas mis aspiraciones es ahora creer,
creer apasionada y ciegamente sin discutir ni criticar nunca más.
Tu nombre es más bello que el sol de la mañana. Acoge al inquieto
pecador, que con el corazón turbado y la frente surcada por las arrugas
se agita, corriendo tras las quimeras. Bajo los profundos y duros
consejos de mi orgullo intelectual yace, desgraciadamente ahogado
todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños: el de creer en ti
y amarte como te aman los monjes de alma pura..."

En su libro Meditaciones escribió:

"Señor, te doy gracias por haberme conservado la vida hasta el día de hoy. Mi vida ha sido un desierto, porque no te he conocido. Haz que, a pesar del otoño, este desierto florezca. Que cada minuto de los días que me queden esté consagrado a Ti. No quiero nada para mí, excepto tu gracia. Que cada minuto de mi vida esté consagrado a tu servicio. Señor, toma la dirección de mi vida, porque estoy perdido en las tinieblas. Todo lo que tu voluntad me inspire hacer, lo cumpliré. Es necesario acercarse a Ti, Señor, con toda pureza y humildad... Oh, Dios mío, cómo lamento no haber comprendido nada de la vida, haber intentado entender cosas que es inútil comprender. Y es que la vida no consiste en comprender sino en amar. Haz, Dios mío, que no sea para mí demasiado tarde. Haz que la última página del libro de mi vida no esté ya escrita. Que pueda añadirse otro capítulo a este libro tan malo. Habla, que tu indigno servidor te escucha. Te ofrezco todo cuanto me queda. Te hago el sacrificio voluntario de mi vida, como una plegaria. Te pido que me guíes por el camino verdadero, el de las gentes sencillas, el de los que aman y rezan. Perdóname todas las faltas de mi vida. Que cada minuto del tiempo, que aún me esté permitido vivir, transcurra cumpliendo tu voluntad en la senda que escojas para mí. Oh Dios mío, en este día me abandono totalmente a Ti, con el sentimiento infinito de haber pasado por la vida como un ciego. Haz, Señor, que pueda emplear el resto de mi vida en tu servicio y en el de los que sufren"

María Ferrand (María Bailly), la curada por la Virgen, se hizo religiosa de la caridad, de San Vicente de Paul, y murió en 1937.

Alexis Carrel (Dr. Lerrac), después del milagro, publicó algunos escritos sobre este hecho en los periódicos y revistas, pero fue marcado por el ambiente anticlerical de sus colegas, por lo que no le quisieron dar ningún trabajo.

Esto fue providencial; pues, buscando empleo, fue al Instituto Rockefeller de Nueva York a investigar y, como premio de sus investigaciones, a los diez años del milagro, recibió el premio Nóbel de Medicina. Murió en París en noviembre de 1944. Según afirmó el sacerdote que lo atendió en los últimos momentos, se confesó, comulgó, recibió la unción de los enfermos y dijo: Quiero creer y creo todo lo que la Iglesia católica quiere que creamos y para ello no experimento dificultad alguna, porque no hallo nada que esté en oposición real con los datos ciertos de la ciencia