Justino es un laico cuya doctrina goza de autoridad dentro de la Iglesia. Llegó a la Fe después de un largo recorrido intelectual. Destaca por su apertura y la transparencia de su alma. Atraído desde joven por la filosofía recorrió las distintas escuelas de pensamiento griego antes de hallar a Cristo (hacia el 130). Él mismo relata cómo llegó al conocimiento de la verdad, del Dios verdadero:
Sucedió mientras me encontraba en la ciudad de Alejandría. Mientras me paseaba absorto en mis pensamientos, por la playa, se me acercó un anciano venerable y hablamos largamente. A mí me interesaba mi tema y se lo expuse. Me llamó la atención la firmeza con que me dijo:
- Los filósofos se han extraviado. Ninguno ha conocido al verdadero Dios
- Si ellos no nos enseñan la verdad, ¿donde la encontraremos? repuse yo.
- La verdad, la virtud, la verdadera felicidad que van buscando los filósofos y no pueden encontrar, está en la Sagrada Escritura. Si tú quieres encontrar estas virtudes que vas buscando, lee la Sagrada Escritura, medítala y con gran humildad pide a Dios que te abra la inteligencia y el corazón para recibirla. Solo Dios y Jesucristo, su hijo, pueden ayudarte a este camino.
Terminadas estas palabras desapareció el anciano venerable. Me entregué a la lectura de los Libros sagrados y pronto me dí cuenta que aquel anciano tenía toda la razón. Nunca en libro alguno había encontrado tanta filosofía y tanta maravilla. Por ello yo me hice cristiano y ahora soy un filósofo cristiano.