La Divina Misericordia

Imagen de Jesús de la Divina Misericordia

Introducción

Cuando Dios quiere revelar un mensaje a la humanidad, no busca a los más importantes y sabios, sino que se revela a través de los más sencillos y humildes, que saben ser dóciles a sus inspiraciones y gracias. Este es el caso del mensaje de la Divina Misericordia dado a la Santa Hna. María Faustina Kowalska, religiosa polaca, instrumento elegido y probado por el Señor.

Santa Faustina (como es conocida en el mundo entero) pertenecía a la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, conocidas como las "Hermanas Magdalenas" que se dedican a la educación de jóvenes de bajos recursos. Vemos como el Señor empieza a poner las piezas de su "rompecabezas de gracia", en un orden perfecto. El revela Su Misericordia a una religiosa de la comunidad dedicada a Su Misericordia.

Santa Faustina estuvo en varias casas de su Orden, siempre realizando trabajos muy sencillos y desapercibidos, tales como la cocina, el jardín, la limpieza del convento o atendiendo la puerta. Precisamente es a esta hermana menos notoria a la que el Señor escoge para dar al mundo entero el gran mensaje de su Misericordia que a tantas almas ha tocado y transformado al propagarse por el mundo entero en momentos tan críticos para la humanidad.

La imagen de la Misericordia

El 22 de febrero de 1931, santa Faustina recibió la primera revelación de la Misericordia de Dios, ella lo anota así en su diario: "En la noche cuando estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir y, con la otra mano, se tocaba el vestido, que aparecía un poco abierto en el pecho, brillaban dos rayos largos: uno era rojo y, el otro blanco. Yo me quedé en silencio contemplando al Señor. Mi alma estaba llena de miedo pero también rebosante de felicidad. Después de un rato, Jesús me dijo:

Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti!." Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria.

Cuando contó esto en confesión, el padre le dijo que seguramente Jesús deseaba pintar esta imagen en su corazón pero ella sentía que Jesús le decía "Mi Imagen ya está en tu corazón. Yo deseo que se establezca una fiesta de la Misericordia y que esta imagen sea venerada por todo el mundo. Esta fiesta será el primer domingo después de Pascua. Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia Mía a los pecadores."

Por orden de su confesor, Miguel Sopocko, Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió:

"Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fué abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí".

El Señor manifiesta su Corazón, y el agua y la sangre que de el brotaron como manantial de reconciliación para todos los hombres.

Esta revelación es una continuación de la misericordia divina que Jesús nos ofrece en la cruz y que se reveló también a Santa Margarita María.

La Coronilla de la Misericordia

El viernes 13 de septiembre de 1935, el Señor le reveló a santa Faustina un poderoso medio para obtener la misericordia de Dios para el mundo. Ella lo escribe así:

En la noche, cuando estaba en mi celda, vi un Ángel que era el ejecutor de la justicia de Dios. Estaba vestido con una túnica brillante, su cara gloriosamente iluminada y una nube bajo sus pies. En sus manos tenía truenos y relámpagos. Cuando vi las señales de la ira divina, con las cuales cierto país de la tierra sería castigado de una manera particular, imploraba al Ángel, pero noté enseguida que mis plegarias eran impotentes contra la ira de Dios ... En el mismo momento vi a la "Santísima Trinidad", que irradiaba Majestad y Santidad incomparables. Al mismo tiempo oí interiormente palabras, con las cuales empecé a implorar fervorosamente por la salvación del mundo. Y ¡Oh milagro! el Ángel era impotente contra esta oración y no podía ejecutar el justo castigo. Las palabras con las que imploraba la misericordia de Dios eran las siguientes: "Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo por nuestros pecados y los pecados del mundo entero. Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero."

A la mañana siguiente, cuando entraba en la capilla, escuché estas palabras interiormente: "Cada vez que entres en la capilla, inmediatamente recita la oración que te enseñé ayer". Cuando había recitado la oración, escuché estas palabras dentro de mi alma:

Esta oración sirve para aplacar la ira de Dios. La rezarás por nueve días en tu rosario ordinario de la siguiente manera: al principio rezarás un Padre Nuestro, una Ave María y un Credo. Después rezarás en las cuentas grandes: "Padre Eterno yo te ofrezco el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Tu Amadísimo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo para implorar el perdón de nuestros pecados y de los del mundo entero" En los granos pequeños: "Por Su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero". Al final rezarás tres veces: "Santo Dios, Santo Omnipotente, Santo Inmortal, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero"(474_476).

Esta es la corona que Jesús le pidió a santa Faustina introducir a su comunidad y al mundo entero. En 1936, el Padre Miguel Sopocko hizo imprimir esta corona (en la Editorial Cebolski en Cracovia) en el reverso de la estampa con la imagen de la Divina Misericordia que Eugenio Kasimierwsko pintó.

El Señor ha prometido que las almas que recen esta corona serán abrazadas con Su Misericordia durante su vida y especialmente en la hora de su muerte.

La Verdadera Devoción de la Divina Misericordia

Durante el retiro de octubre de 1936, Jesús le dio a Santa Faustina indicaciones explícitas sobre lo que constituye la verdadera devoción de la Divina Misericordia:

Misericordia. Yo exijo de ti actos de misericordia, que deben realizarse por amor a Mí. Tú debes mostrar misericordia a tu prójimo siempre y en todas partes. No debes acobardarte ante esto o tratar de excusarte o de dispensarte de esto. Te estoy dando tres medios de ejercitar misericordia con tu prójimo: el primero por obra, el segundo de palabra, y el tercero por la oración. En estos tres grados está contenida la totalidad de la misericordia y es una prueba de tu amor por Mí. Por estos medios una alma glorifica y da tributo a Mi Misericordia. Si bien, el Primer Domingo de Pascua, es la Fiesta de la Misericordia, también deben haber otro actos de misericordia, y pido la adoración a Mi Misericordia en la Celebración Solemne de esta festividad y la veneración de esta imagen por medio de la cual yo concederé muchas gracias a las almas. Todo esto como un recordatorio de la urgencia de Mi misericordia, porque aún la fe más fuerte, sin obras no tienen valor".(742)

Las palabras con que Jesús habló a Santa Faustina al comienzo del retiro empezaron a tener efecto. En la Fiesta de Cristo Rey, celebrada el 25 de octubre de 1936, la hermana escribió en su diario: "Durante la Santa Misa, estuve tan envuelta en el fuego interior del amor de Dios y el deseo de salvar almas que no sé como expresarlo. Sentía que estaba en llamas. Yo lucharé contra el mal, con el arma de la misericordia. Me quema el deseo de salvar almas. Me cruzaría todo el largo y el ancho de la tierra y llegaría hasta el último confín, para salvar almas por medio de la oración y sacrificio, deseo que todas las almas glorifiquen la misericordia de Dios"(745).

Santa Faustina comprendió que debía hacerse una víctima pura de amor, reconociendo el camino marcado por las pisadas de Jesús, el camino del sufrimiento, de ser ridiculizada, perseguida y humillada, todo esto debía ser su vida, aceptada por amor a Jesús y a las almas con la única esperanza de que Jesús sería siempre su consuelo y compañero.

La Hora de la Gran Misericordia: Las tres de la tarde

El 10 de octubre de 1937, Santa Faustina recibió instrucciones del Señor concerniente a otro elemento principal de la devoción a la Divina Misericordia; esto es, La Hora de Gran Misericordia:

A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión.(1320)

La Fiesta de la Misericordia: Domingo después de Pascua de Resurrección. Instituida oficialmente por la Iglesia en el año 2000

El Señor le pide a Santa Faustina, por lo menos 14 veces, que se instituya oficialmente una "Fiesta de la Misericordia" (Diario de Santa Faustina)

Esta Fiesta surge de Mi piedad mas entrañable...Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección....Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. Las entrañas mas profundas de Mi Misericordia se abren ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias sobre aquellas almas que acudan a la fuente de Mi misericordia.

El alma que acuda a la Confesión, y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema en acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como la grana. Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer en aquel que la recibe la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es "fuente de toda gracia".
Nuestro Señor manifestó a Santa Faustina que en la "Fiesta de la Misericordia" se abrían todas las compuertas a través de las cuales fluían las gracias divinas. Gracias de conversión y perdón de los pecados.

¿Por qué el Señor manifiesta su Misericordia?

Después de haber visto brevemente como el Señor manifestó a Santa Faustina el deseo de su Corazón de que se arraigara en los corazones la devoción a su Divina Misericordia, nos podremos preguntar ¿Por qué? ¿Por qué el Señor en pleno siglo XX, se aparece a esta religiosa y con insistencia le pide que se establezca esta devoción?.

Si pensamos un poco, no es una devoción nueva, ha estado siempre en la Iglesia desde que el Corazón de Dios existe, pero de una forma nueva el Señor presenta su Misericordia, fluyendo y derramándose en forma de dos rayos que no tienen otro fin más que el de la conversión y arrepentimiento del pecado. Aquí está el propósito del Señor.

El Señor, contemplando como la humanidad en el siglo mas avanzado tecnológicamente, se ha alejado de El, y ha caído en las garras del pecado y de la oscuridad, quiso dar a los hombres el remedio para salir de la fosa en la que se ha adentrado.

Jesús se le reveló a Santa Faustina cuando estaba en pleno apogeo la Segunda Guerra Mundial, y muchas almas recibieron gracias de conversión y de fortaleza al venerar la imagen de Jesús Misericordioso, que se propagó rápidamente en toda Polonia, y luego en toda Europa y el mundo.

El hombre necesita a Dios, y Dios en su Amor, sale a su encuentro derramando los rayos de Misericordia, que tanto le costaron, porque el precio fue que su Corazón fuese Traspasado. El hombre de hoy necesita escuchar que hay esperanza; que Dios en su Misericordia quiere que todos se salven pero la única condición es el cambio de corazón; el reconocer los pecados y con profundo arrepentimiento volver a Dios y alejarse del mal.

La Humanidad no tendrá paz, hasta que torne con confianza a Mi Misericordia

La Paz es fruto de la amistad con Dios, los hombres de hoy no tienen paz porque han tornado su corazón lejos de Dios. El Señor le dijo a Santa Faustina que solo tendría paz la humanidad cuando se tornase a su Misericordia; porque solo habrá paz en el corazón del hombre hasta que se arrepienta y vuelva a restablecer su amistad con Dios su Señor.

Oremos todos por la conversión de los pecadores, por nuestra propia conversión y la de todos los que viven en pecado mortal. Atraigamos a todos a la "fuente de la Misericordia" el Corazón de Jesús, y sumerjámosles en él, para que sean liberados y sanados del pecado que les separa del Señor y la gracia de Dios se restituya en toda la humanidad.

"Oh Sangre y Agua que brotaron del Corazón de Jesús, como una fuente de Misericordia para nosotros y para el mundo entero, En Ti confío".

Vía Crucis Padre Sopocko

VÍA CRUCIS Basado en los fragmentos del libro MISERICORDIA DIVINA EN SUS OBRAS del padre dr Miguel Sopocko. © La Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso. http://www.misericordia-divina.com

ESTACIÓN I - JESÚS CONDENADO A MUERTE

"Me da vergüenza Señor ponerme delante de Tu santo semblante, porque me parezco tan poco a Ti. En la flagelación sufriste tanto por mí que tan sólo ese dolor te hubiera matado si no fuera por la voluntad y la sentencia del Padre Celestial que deberías morir en la cruz. Y para mí es difícil aguantar las pequeñas infracciones e imperfecciones de los miembros de mi familia y de los prójimos. Tú, por misericordia, derramaste tanta sangre por mí. Y para mí cada ofrecimiento y cada sacrificio por el prójimo es duro. Tú con paciencia inefable y callando aguantaste el dolor de flagelación y yo me quejo y gimo cuando me toque aguantar por Ti algún dolor o desprecio por parte del prójimo" (Tomo II, p. 103).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN II - JESÚS CARGA CON LA CRUZ

"Con profunda compasión voy a seguir a Jesús. Voy a soportar con paciencia ese disgusto, qué pequeño para dar homenaje a Su camino a Gólgota. ¡Si va a morir por mí! ¡Por mis pecados sufre! ¿Cómo puedo estar indiferente respecto a eso? No quieres Señor que lleve contigo Tu pesada cruz sino que aguante diariamente, con paciencia mis pequeñas cruces. Pero hasta ahora no lo he hecho. Me da vergüenza y pena esa pusilanimidad e ingratitud mía. Decido recibir con confianza y aguantar con amor todo lo que pongas sobre mí por Tu misericordia" (Tomo II, p. 119).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN III - JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

"Llevaste Señor una carga terrible - los pecados de todo el mundo, de todos los tiempos (...). Por eso se agotan Tus fuerzas. No puedes seguir con esta carga que Te hace caer. Cordero de Dios que por Tu misericordia liberas el mundo del pecado con el peso de la cruz, desembarázame de la pesada carga de mis pecados y enciende el fuego de Tu amor, para que su llama nunca muera" (Tomo II, p. 123).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN IV - JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

"Madre Santísima, madre Virgen, haz que me contagie del dolor de Tu alma. Te quiero Madre Dolorosa que sigues el mismo camino por el que caminó Tu amadísimo Hijo- el camino de vergüenza y de humillación, de menosprecio y maldición, grábame en Tu Corazón Inmaculado y, como la Madre de Misericordia, concédeme la gracia, para que, siguiendo a Jesús y a Ti, no me abata en este espinoso camino de Calvario que la Misericordia Divina destinó también para mí" (Tomo II, p. 126).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN V - SIMÓN EL CIRINEO LE AYUDA A LLEVAR LA CRUZ

"Igual que para Simón, para mí también, la cruz es una cosa desagradable. Por la naturaleza la rehuyo, pero las circunstancias me obligan a acostumbrarme a ella. Desde ahora voy a tratar de llevar mi cruz imitando a Cristo. Voy a llevar la cruz por mis pecados, por los de los otros, por las almas que sufren en el purgatorio, imitando al misericordioso Salvador. Entonces voy a hacer el camino real de Cristo, y voy a seguirlo aun si me rodee una multitud de gente enemiga, burlándose de mí" (Tomo II, p. 129).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN VI - LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTO DE JESÚS

"Jesús ya no sufre más, por eso no puedo darle un velo para limpiar el sudor y la sangre. Mas el sufriente Salvador sigue viviendo en Su cuerpo místico, en sus hermanos, cargados con la cruz, pues en los enfermos, agonizantes, pobres, necesitados, a los que les falta un paño para secarse el sudor. Si Él dijo: "Os aseguro que cada vez que lo hicísteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicísteis conmigo". (Mt 25, 40). Pues voy a ponerme al lado de un enfermo, un agonizante con verdadero amor y paciencia para secarle el sudor, para fortalecerle y consolarle" (Tomo II, p. 132).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN VII - JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

"Señor (...) ¿cómo puedes tolerarme a mí, pecador, todavía, que te ofendo innumerables veces con mis pecados cotidianos? Me lo puedo explicar solamente con la grandeza de Tu misericordia que todavía sigues esperando a que me mejore. Ilumíname Señor con la luz de Tu gracia para que conozca todos mis errores y malas inclinaciones que causaron que volvieras a caer bajo la cruz, para que desde ahora las extirpe sistemáticamente. Sin Tu gracia no puedo librarme de ellos" (Tomo II, p. 136).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN VIII - LAS MUJERES DE JERUSALEN LLORAN POR JESUS

"Hay también para mí un tiempo de misericordia, pero limitado. Después de ese tiempo se hará la justicia, de lo cual habla Jesús con tono de amenaza (...) Estoy cargado de muchas culpas, me estoy marchitando y el temor me consume, pero voy a seguir los pasos de Jesús, me arrepentiré y voy a hacer justicia con la sincera penitencia. A esta penitencia me estimula la infinita misericordia de Jesús que había cambiado su corona de gloria por la corona de espinas, salió a buscarme y, al haberme encontrado, me abrazó a su corazón" (Tomo II, p. 139).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN IX - JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

"¡Por mí sufre Jesús y por mí cae bajo la cruz! ¿Dónde estaría hoy yo sin este sufrimiento del Salvador? (...) Por lo tanto, todo lo que hoy tenemos y quien somos en el sentido sobrenatural, todo lo debemos solamente a la Pasión de Jesucristo. Hasta el cargar con nuestra cruz no significa nada sin la gracia. Solamente Su pasión hace nuestro arrepentimiento merecedor y la penitencia eficaz. Sólo la misericordia, revelada en su triple caída es la garantía de mi salvación" (Tomo II, p. 142)."

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN X - JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

"En este terrible misterio estuvo presente la Santísima Madre que lo vio todo, lo escuchó todo y lo miró todo con atención. Uno puede imaginarse el dolor interior por el que pasó viendo a Su Hijo profundamente avergonzado en la sangrienta desnudez, probando una amarga bebida a la que yo también había vertido la amargura con el pecado de la gula. Desde este momento quiero y decido, con ayuda de la gracia Divina, practicar una sabia mortificación en este campo, para que la desnudez de mi alma no ofenda a los ojos de Jesús ni a Su Madre Inmaculada" (Tomo II, p. 145).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN XI - JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

"En los pensamientos pongámonos en Gólgota, bajo la cruz de Jesús y meditemos sobre esa terrible escena. Entre el cielo y la tierra está colgado el Salvador, en las afueras de la ciudad, rechazado por su gente, está colgado como un delincuente, entre otros delincuentes, como una imagen de la ínfima miseria, desamparo y dolor. Sin embargo, Él se parece a un jefe militar que conquista las naciones, no con espada y armas- sino con la cruz- no para destruirlas sino para salvarlas. Porque la cruz del Salvador se hará desde entonces la herramienta de la gloria de Dios, de la justicia y de la infinita misericordia" (Tomo II, p. 150).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN XII - JESÚS MUERE EN LA CRUZ

"Nadie presenció ese acto de sacrificio con sentimientos y pensamientos tan maravillosos y adecuados como los de la Madre de la Misericordia. Tal como durante la concepción y el nacimiento sustituía a toda la humanidad, adorando y amando ardientemente al Señor de los Cielos, también ante la muerte de Su Hijo adoraba el cuerpo inerte, sufría su pérdida, pero a la vez no se olvidaba de Sus hijos adoptivos. Los representantes de ellos son San Juan Apóstol y el recién convertido criminal por el cual había intercedido ante Su Hijo. Interceda por mi también, o Madre de la Misericordia, acuérdate de mí, cuando agonizando encomiende mi alma al Padre" (Tomo II, p. 195).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN XIII - EL CUERPO DE JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

"Misericordioso Salvador, ¿qué corazón resistirá la cautivadora, rompedora elocuencia con la que nos hablas con las innumerables heridas de Tu cuerpo muerto que reposa en el seno de Tu Madre Dolorosa? (...) Cada acción Tuya hubiera bastado como propiciación y la reparación de las ofensas. En cambio elegiste esa manera de Redención para resaltar el gran valor de muestra alma y Tu inagotable misericordia, para que incluso el mayor pecador pueda venir a Ti con confianza y arrepentido, y recibir perdón como lo recibió el criminal agonizante" (Tomo II, p. 208).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

ESTACIÓN XIV - EL CUERPO DE JESUS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

"Madre de Misericordia, me elegiste para que fuera tu hijo y hermano de Jesús, por el cual lloras tras ponerle en el sepulcro. (...) No le hagas caso a mi debilidad, inestabilidad y dejadez por las que lloro sin cesar y a las que renuncio constantemente. Pero acuérdate de la voluntad de Jesús que me había confiado a Ti. Cumple pues Tu misión en cuanto a mí, por desmerecedor que sea, dame tantas gracias del Salvador que mi debilidad necesita. Sé para mí siempre la Madre de Misericordia" (Tomo II, p. 224).

Señor, ayúdame a seguirte con confianza

RESURRECCIÓN DE JESÚS

"La resurrección de Jesús fue la corona de la vida y del trabajo del Salvador del mundo"

"Lo que el Salvador inició en la montaña del Tabor, se hizo ahora plena realidad: cubrió su cuerpo con luz y belleza, lo espiritualizó enteramente, lo hizo sutil y penetrable, completamente dependiente de su voluntad. (...) Nosotros también anhelamos la glorificada vida, el cuerpo espiritualizado, la espiritualización de las formas externas. Queremos vivir la Pascua, ansiamos la victoria de nuestra alma sobre los bajos instintos de nuestro cuerpo y llegar a la feliz eternidad" (Tomo II, p. 227).

"¿Resucitaremos? Para asegurarnos de esta verdad, recordémonos que es el dogma de nuestra fe: "La resurrección del cuerpo." Sobre todo, deberíamos ya en esta vida resucitar espiritualmente (...). Hay muertos en el espíritu a los que se podría llamar los cadáveres vivos. La Sagrada Escritura les dice: "Conozco tus obras y que tienes nombre de vivo, pero estás muerto. Estáte alerta y consolida lo demás, que está para morir, pues no he hallado perfectas tus obras en la presencia de mi Dios" (Ap 3, 1- 2). Muerto es el hombre que vive solamente para el mundo terrenal, trabaja, crea y busca la fama terrestre. Es la tragedia de la vida terrenal, mundana, la vida de los desconfiantes" (Tomo II, p. 231).

"La vida ociosa y estéril, privada de espíritu no se convertirá en la vida eterna, como tampoco de una bellota vacía no crecerá un roble. Por eso ya aquí en la tierra debería llevar una vida con miras a la eternidad, o sea la vida sobrenatural. Pues debo pensar, querer, sufrir, luchar, alegrarse y amar, de acuerdo con las máximas de la fe" (Tomo II, p. 234).

".... y vosotros daréis también testimonio porque estáis conmigo desde el principio" (J 15, 27). Estas palabras dirigidas a los Apóstoles se refieren también a mí. Tengo que dar testimonio de Jesús con mi vida, con las actividades de cada día. Tiene que ser testimonio de la virtud y de la santidad, de las palabras y los hechos, tal vez un testimonio de la sangre y del martirio; o por lo menos, el testimonio de la misericordia sobre el cuerpo y el espíritu de los prójimos. Sé que solo no soy capaz de hacerlo. Por eso, Espíritu Santo, ¡ayúdame! Me doy cuenta de que tengo que dar testimonio, pero sin Tu soplo no puedo. ¡Crea pues en mí un espíritu nuevo! Con un rayo de la gloria celeste ilumina mi cara que está palideciendo. Dame alas para que me alce a la cumbre de alegría, para que lleve mi barco a las profundidades, para que no me hunda en la orilla" (Tomo II, p. 18).

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