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San Pedro

Fiesta: 29 de junio · Las llaves

Pedro Apóstol
Pedro Apóstol

"Por todos debe guardarse lo que por el príncipe de los apóstoles, Pedro, fue entregado a la Iglesia Romana, y hasta ahora se ha custodiado"

Nombre

Después de Jesús, Pedro es el personaje más conocido y citado en los escritos del Nuevo Testamento: se le menciona 154 veces con el sobrenombre de Pétros, "piedra", "roca", que es traducción griega del nombre arameo que le dió directamente Jesús: Kefa, atestiguado nueves veces sobre todo en las cartas de San Pablo. También se le llama Simon (75 ocasiones) que es una adaptación griega de su nombre hebreo original Simeón (dos veces: ; ).

Procedencia

Era de Betsaida, una localidad situada al este del mar de Galilea, de la que procedían también Felipe y su hermano Andrés.

Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaún, en la casa en que también Simón se alojaba cuando estaba en esa ciudad (; ; ). Excavaciones arqueológicas recientes han permitido descubrir, bajo el piso de mosaico octogonal de una pequeña iglesia bizantina, vestigios de una iglesia más antigua construida sobre esa casa, como atestiguan las inscripciones con invocaciones a Pedro.

Rasgos

Al hablar se le notaba el acento Galileo. Como nos muestran los Evangelios tienen un carácter decidido e impulsivo; está dispuesto a imponer sus razones incluso con la fuerza, por ejemplo cuando usa la espada en el huerto de los Olivos . Al mismo tiempo a veces es ingenuo y miedoso, pero honrado, hasta el arrepentimiento más sincero

Profesión

Él y su hermano eran pescadores: con la familia de Zebedeo, padre de Santiago y Juan, dirigía una pequeña empresa de pesca en el lago de Genesaret , por lo que debía de gozar de cierto bienestar económico.

Religiosidad

Estaba animado por un sincero interés religioso, anhelaba que Dios interviniera en el mundo, lo cual le impulsó a dirigirse junto con su hermano hasta Judea para seguir la predicación de Juan el Bautista . Era un judío creyente y observante que confiaba en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo, y le entristecía no ver su acción poderosa en las vicisitudes de las que era testigo en ese momento.

Llamada

Los evangelios atestiguan que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos del Nazareno , a los que se añade un quinto, Leví, según la costumbre de todo rabino de tener cinco discípulos . Cuando Jesús pasa de cinco discípulos a doce pone de relieve la novedad de su misión: él no es un rabino como los demás, sino que ha venido para reunir al nuevo Israel, simbolizado por el número doce, como el de las tribus de Israel.

En los evangelios podemos seguir paso a paso su itinerario espiritual. El punto de partida es la llamada que le hace Jesús que acontece en un día cualquiera, mientras Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo. El número de oyentes es grande. El maestro ve dos barcas; los pescadores han bajado y están  lavando las redes. Él entonces pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca . Así la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús. Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" .

Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Simón el pescador se fia de este rabino, que no le dá respuestas sino que lo invita a fiarse de él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador" . Jesús responde invitándolo a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres" .

Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí "pescador de hombres" para el Señor. Acepta esa llamada sorprendente a dejarse implicar en esta gran aventura. Es generoso, reconoce sus limitaciones, pero cree en el que lo llama y sigue el sueño de su corazón. Dice sí, un sí valiente y generoso, y se convierte en discípulo de Jesús.

La confesión de fe

Pedro vivió otro momento significativo en su camino espiritual cerca de Cesarea de Filipo, cuando Jesús planteó a sus discípulos una pregunta precisa: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" . Pero a Jesús no le basta con la respuesta de lo que habían oído decir. De quien ha aceptado comprometerse personalmente con él quiere una toma de posición personal. Por eso insiste: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" . Es Pedro quien contesta en nombre de los demás: "Tú eres el Cristo" , es decir, el Mesías. Esta respuesta de Pedro, que no provenía "ni de la carne ni de la sangre", es decir, de él, sino que se la había donado el Padre que está en los cielos , encierra en sí como en germen la futura confesión de fe de la Iglesia. Con todo, Pedro no había entendido aún el contenido profundo de la misión mesiánica de Jesús, el nuevo sentido de la palabra Mesías. Lo demuestra poco después, dando a entender que el Mesías que buscaba en sus sueños es muy diferente del verdadero proyecto de Dios. Ante el anuncio de la pasión se escandaliza y protesta, provocando la dura reacción de Jesús . Pedro quiere un Mesías "hombre divino", que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su poder. También nosotros deseamos que el Señor imponga su poder y transforme inmediatamente el mundo. Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre siguiendo el camino de la humildad y el sufrimiento.Es la gran alternativa, que también nosotros debemos aprender siempre de nuevo: privilegiar nuestras expectativas, rechazando a Jesús, o acoger a Jesús en la verdad de su misión y renunciar a nuestras expectativas demasiado humanas.

Pedro, impulsivo como era, no duda en tomar aparte a Jesús y reprenderlo. La respuesta de Jesús echa por tierra todas sus falsas expectativas, a la vez que lo invita a convertirse y a seguirlo. "Ponte detrás de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" . No me señales tú el camino; yo tomo mi camino y tú debes ponerte detrás de mí. Pedro aprende así lo que significa en realidad seguir a Jesús. Es su segunda llamada, análoga a la de Abrahán en Gén 22, después de la de Gen 12: "Si alguno quiere venir en pos demí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" . Aunque le cuesta, Pedro acoge la invitación y prosigue su camino tras las huellas del Maestro.

Otros dos acontecimientos importantes en la vida de Pedro son la multiplicación de los panes, y la llamada del Señor a Pedro a ser pastor de la Iglesia universal. En la multipliación de los panes, la gente llevaba escuchando al Señor varias horas y Jesús dice: "están cansados y tienen hambre, tenemos que dar de comer a esta gente. Los Apóstoles se preguntan cómo, Andrés le dice al Señor que hay un chico con 5 panes y 2 peces y el Señor manda que la gente se siente y se distribuya esa comida. Todos quedan saciados y el Señor manda a los Apóstoles que se recojan las sobras . Este milagro que parece la renovación tan esperada del nuevo "maná" hace que la gente quiera proclamarlo rey, pero Jesús no acepta y se retira a orar. Al día siguiente en la sinagoga de Cafarnaúm Jesús interpreta este milagro, no en el sentido de una realeza de Israel como lo esperaba la gente sino como entrega de sí mismo: "El pan que yo voy a dar es mi carne por la vida del mundo" . Jesús anuncia la cruz y con ella la auténtica multiplicación de los panes, el Pan eucarístico la manera de ser rey de Jesús completamente opuesta a las expectativas del pueblo. Estas palabras eran difíciles de aceptar pues la gente buscaba y esperaba a alguien que renovara realmente el Estado de Israel, su pueblo, y no a uno que dijera: "Yo doy mi carne". Y aunque para Pedro seguramente también fueran palabras duras, sin embargo cuando Jesús preguntó a los Doce: "¿También vosotros quereis marcharos?", Pedro con su entusiasmo y corazón generoso, inspirado por el Espíritu Santo y en nombre de todos, respondió con palabras inmortales: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios" . Con estas palabras de Pedro comienza la confesión de la fe cristológica de la Iglesia y se hace portavoz también de los demás apóstoles y de nosotros, los creyentes de todos los tiempos.

Pedro, sin comprender aún el misterio de Cristo, con esa fe inicial en camino que solo llegaría a plenitud por la experiencia de los acontecimientos pascuales, profesa una fe abierta, y es una fe no en algo sino en Alguien, en Él, en Cristo, dejándose guiar por Él, que no solo conoce el camino sino que es el Camino. Pedro siguió a Jesús con entusiasmo superando la prueba de la fe, pero también llegó el momento en que cedió al miedo traicionando al maestro . Caminar con Fe supone afrontar pruebas y esforzarse en ser fiel a diario. Pedro que había prometido fidelidad absoluta, experimetna la amargura y la humillación de haber negado a Cristo, aprendiendo así el jactancioso a su costa, la humildad. Pedro tuvo que aprender que su corazón débil de pecador creyente necesitaba perdón. Tras el llanto de arrepentimiento ya estaba preparado para su misión.

En una mañana de primavera, Jesús resucitado le confiará su misión. Dicho encuentro ocurrió a la orilla del lago de Tiberíades. El evangelista san Juan narra el diálogo que mantuvieron Jesús y Pedro en el cual destaca un juego de verbos muy significativo. En griego el verbo filéo expresa el amor de amistad, tierno pero no total, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional:

  1. La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: "Simón...,¿me amas?" (agapâs-me) con este amor total e incondicional . Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: " Te amo (agapô-se) incondicionalmente". Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, su propia debilidad, dice con humildad: "Señor, te quiero (filô-se)" es decir, "te amo con mi pobre amor humano".
  2. Cristo insiste: "Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?". Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: Kyrie, filô-se, "Señor, te quiero como sé querer".
  3. La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: Fileîs-me?,"¿me quieres?". Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se)".

Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús y es esa "adaptación divina" la que dá a Pedro la confianza que lo hace capaz de seguirlo hasta el final: "Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: 'Sígueme'" . Desde aquel día Pedro "siguió" al maestro con la conciencia clara de su propia fragilidad; pero esta conciencia no lo desalentó, pues sabía que podía contar con la presencia del Resucitado a su lado. Del ingenuo entusiasmo de la adhesión inicial, pasando por la experiencia dolorosa de la negación y el llanto de la conversión, Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. Y así también a nosotros nos muestra el camino, adaptándose a nuestra debilidad y nosotros le seguimos con nuestra pobre capacidad de amor, Jesús es bueno y nos acepta.

Pedro tubo que recorrer un largo camino hasta convertirse en testigo fiable, en "piedra" de la Iglesia. Él se define a sí mismo como "testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está por manifestarse" (). Cuando escribe estas palabras ya es anciano y está cerca del final de su vida, que sellará con el martirio. Entonces es capaz de describir la alegría verdadera y de indicar dónde se puede encontrar: el manantial es Cristo, en el que creemos y al que amamos con nuestra fé débil pero sincera, a pesar de nuestra fragilidad. Por eso, escribe a los cristianos de su comunidad estas palabras, que también nos dirige a nosotros: "Lo amáis sin haberlo visto; creéis en él, aunque de momento no lo veáis. Por eso, rebosáis de alegría inefable y gloriosa, y alcanzáis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas" .

La roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia

El evangelista san Juan, al relatar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, atestigua un hecho singular:  Jesús, "fijando su mirada en él, le dijo: 'Tú eres Simón, el hijo de Juan;  tú te llamarás Cefas, que quiere decir Piedra'". Jesús no solía cambiar el nombre a sus discípulos. Si se exceptúa el sobrenombre de "hijos del trueno", que dirigió en una circunstancia precisa a los hijos de Zebedeo y que ya no volvió a usar, nunca atribuyó un nuevo nombre a uno de sus discípulos. En cambio, sí lo hizo con Simón, llamándolo Cefas, nombre que luego fue traducido en griego por Petros, en latín Petrus. Y fue traducido precisamente porque no era sólo un nombre; era un "mandato"  que Petrus recibía así del Señor. El nuevo nombre, Petrus, se repetirá muchas veces en los evangelios y acabará sustituyendo a su nombre originario, Simón. El dato cobra especial relieve si se tiene en cuenta que, en el Antiguo Testamento, el cambio del nombre por lo general implicaba la encomienda de una misión .  De hecho, la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro una importancia particular dentro del colegio apostólico se manifiesta a través de numerosos indicios: en Cafarnaún, el Maestro se hospeda en la casa de Pedro ; cuando la muchedumbre se agolpaba a su alrededor  a la orilla del lago de Genesaret, entre las dos barcas allí amarradas Jesús escoge la de Simón ; cuando en circunstancias particulares Jesús se llevaba sólo a tres discípulos a Pedro siempre se le nombra como primero del grupo: así sucede en la resurrección de la hija de Jairo (; ), en la Transfiguración (; ; ) y, por último, durante la agonía en el huerto de Getsemaní (; ).

Resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración del Señor, curación de la suegra de Pedro, agonía de Getsemani
Resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración del Señor, curación de la suegra de Pedro, agonía de Getsemani

Además, a Pedro se dirigen los recaudadores del impuesto para el templo y el Maestro paga sólo por sí y por Pedro ; Pedro es el primero a quien lava los pies en la última Cena y ora sólo por él para que no desfallezca en la fe y pueda confirmar luego en ella a los demás discípulos . Por lo demás, Pedro mismo es consciente de su situación peculiar: es él quien a menudo toma la palabra en nombre de los demás;  habla para pedir la explicación de una parábola () o el sentido exacto de un precepto o la promesa formal de una recompensa .  En particular, es él quien resuelve algunas situaciones embarazosas interviniendo en nombre de todos. Por ejemplo, cuando Jesús, entristecido por la incomprensión de la multitud después del discurso sobre el "pan de vida", pregunta:  "¿También vosotros queréis ros?», Pedro responde; "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna"
Igualmente decidida es la profesión de fe que, también  en nombre  de los Doce, hace en Cesarea de Filipo a Jesús que le pregunta  "Y vosotros,  ¿quién decís que soy yo?", Pedro responde: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" . Acto seguido,  Jesús pronuncia la declaración solemne  que define, de una vez por todas, el papel de Pedro  en la Iglesia "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro  y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. (...)  A ti te daré las llaves del reino de los cielos;  y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos"  .

Las tres metáforas que utiliza Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno;  por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro.  Así queda descrito con imágenes muy plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término: "primado de jurisdicción".  Esta posición de preeminencia que Jesús quiso conferir a Pedro se constata también después de la resurrección:  Jesús encarga a las mujeres que lleven el anuncio a Pedro, distinguiéndolo entre los demás apóstoles ; la Magdalena acude corriendo a él y a Juan para informar de que la piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro y Juan le cede el paso cuando los dos llegan ante la tumba vacía ; después, entre los apóstoles, Pedro es el primer testigo de la aparición del Resucitado (; ). Este papel, subrayado con decision , marca la continuidad entre su preeminencia en el grupo de los apóstoles y  la preeminencia que seguirá teniendo en la comunidad nacida con los acontecimientos pascuales, como atestigua el libro de los Hechos de los Apóstoles (; ; ; ; ; ; 10;etc).
Su comportamiento es considerado tan decisivo que es  objeto de observaciones y también de críticas (; ). En el así llamado concilio de Jerusalén,  Pedro desempeña una función directiva ( y ) y, precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica,  Pablo mismo reconoce en él su papel de "primero" (; ; ; etc).  

Además, el hecho de que varios de los textos clave referidos a Pedro puedan enmarcarse en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo le confiere el ministerio de confirmar a los hermanos , muestra cómo el ministerio confiado a Pedro es uno de los elementos constitutivos de la Iglesia que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía. El hecho de insertar el primado de Pedro en el contexto de la última Cena, en el momento de la institución de la Eucaristía, Pascua del Señor, indica también el sentido último de este primado:  Pedro, para todos los tiempos, debe ser el custodio de la comunión con Cristo; debe guiar a la comunión con Cristo; debe cuidar de que la red no se rompa, a fin de que así perdure la comunión universal.  Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo con la caridad de Cristo guiando a la realización de esta caridad en la vida diaria. Oremos para que el primado de Pedro, encomendado a pobres personas humanas  sea siempre ejercido en este sentido originario que quiso el Señor , y para que lo reconozcan  cada vez más en su verdadero significado los hermanos que todavía no están en comunión con nosotros.

Los Doce